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lunes, 22 de diciembre de 2008

Despacio, ...suave,...en silencio. En un mar de seda resbalo mis labios y tu susurro enciende mis pupilas para perder lo poco que ya tenía que perder. No hay miedo, no es un espejismo, pero no hay miedo. Despierto de mi sorpresa encadenado a tu aroma, al calor de tu pecho me acurruco entre tus senos. No hay miedo, hay sorpresa. Ni una palabra y el reloj que engulle cada quejido, cada escorzo de placer y de deseo. Poco a poco desandamos los caminos y volvemos de nuevo sobre nuestros pasos para repetir cada centímetro, para beber cada lágrima del veneno que nos inunda. No hay miedo...ya no hay sorpresa. No quiero volver a verte y sin embargo, esa será mi penitencia.................................Sorpresa!.

2 comentarios:

Poeta Sinverguenza dijo...

No sé de donde vienen ni hacia donde van tus palabras, solo soy consciente de una cosa: "aquella que domina la montaña" me hizo vivir tu relato. Fue un despertar de dulzura, de ilusión, de dolor al descubrir que soy frágil, sinvergüenza pero frágil. Tan frágil de emociones y corazón. Estoy perdido.
Quiero volver a vivirlo, una y otra vez, moriré probando de esa droga que fluye de sus labios. La única droga a la que nunca supe decir que no. Amor.

la carta en el camino dijo...

unas palabras a las que pone poca respuesta, quiza un tenue "gracias" que se degrada de mis manos hacia las tuyas...